Ocubre 2021

FRANKENSTEIN

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El nombre de Frankenstein ha quedado asociado en el imaginario colectivo a la imagen de un ser torpe e infantil creado por un científico loco que, acompañado de un siniestro sirviente llamado Igor, va robando partes de cadáveres para sus experimentos. Esto es debido a algunas de las adaptaciones a cine que se hicieron de la novela de Mary Shelley (1797-1851), sobre todo las más populares como la versión de 1931 interpretada por Boris Karloff o la comedia El Jovencito Frankenstein dirigida por Mel Brooks. Pero estas películas poco tienen que ver con lo que escribió Mary Shelley.

En el libro, tanto el “monstruo” como su creador narran en primera persona sus vivencias, y lo hacen con una erudición que cautiva y estremece a partes iguales. Aunque algunos consideran a Frankenstein como una historia de ciencia ficción, es más bien un drama. Se nota una clara influencia del Romanticismo, un movimiento cultural nacido a finales del siglo XVIII que daba prioridad a los sentimientos. Sin duda, entra dentro de la narrativa gótica, un género que combina terror, muerte y romance. Víctor se revela como un individuo extraordinariamente sensible, que acaba atormentado y renegando de su creación. Por otro lado, su criatura hace gala de una complejidad intelectual y moral a la altura del científico; el momento más destacable es cuando explica cómo tuvo que sobrevivir en el mundo exterior por sí mismo. Resulta fascinante ver su evolución mental y emocional desde recién nacido hasta alcanzar la madurez.

Su relato resulta absorbente y conmovedor, reflejando a un ser que anhela, por encima de todo, el cariño y contacto con otras personas, pero que al final se llena de odio por el rechazo que causa su aspecto. Al final, el ritmo se entorpece en algunos momentos por las descripciones de Víctor, debido al exceso de divagaciones sobre paisajes, ciudades y seres queridos. 

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Ilustración de Bernie Wrightson

En conjunto resulta un trabajo notable por la exploración que hace del alma humana, haciendo gala de una gran riqueza lingüística a la hora de trasladar las pasiones y penurias de los personajes. Sobre Mary Shelley comentar que, aunque Frankenstein sea su obra más conocida, también fue una dramaturga, ensayista y biógrafa muy destacable.