Agosto 2016

 FRíAMENTE...SIN MOTIVOS PERSONALES 

Una cinta del 72 que al contrario de lo que pueda parecer, no se trata de Bronson haciendo de justiciero. Aunque hay acción, es una aproximación más bien psicológica y bastante realista, mostrando los hábitos y modo de pensar, de una profesión como la de asesino a sueldo. Se trata de un atractivo y entretenido thriller muy bien llevado.

Charles Bronson, a pesar de interpretar obras míticas (Hasta que llegó su hora, Los 7 magníficos, La gran evasión, Doce del patíbulo, El luchador) ha sido muy infravalorado debido a la última parte de su carrera, con productos que hicieron las delicias de la parrilla televisiva nocturna (con gran éxito de audiencia). Me refiero a las secuelas de El justiciero de la ciudad. Aunque estas fueran carne de televisión la original no carecía de calidad.

Fríamente...sin motivos personales (The Mechanic) cuenta con tiroteos y alguna que otra explosión, pero no es éste el principal atractivo, sino ciertas escenas, donde la frialdad de la pareja de asesinos frente a sus propias acciones, o de las personas que les rodean, llega a sobrecoger. Uno se pregunta si el joven y prometedor pupilo puede superar al viejo zorro, el maestro Bishop, e incluso “ocupar su lugar”. Por supuesto, no revelaré quién es el ganador en este concurso de amorales personajes.

Bishop (Charles Bronson) sufre de estrés por la vida que lleva, sufriendo desmayos al más puro estilo de Tony Soprano. De hecho, hay bastantes similitudes con el más famoso gangster de New Jersey por lo que se puede deducir en las conversaciones donde se cita al padre mafioso de Bishop. Un entorno familiar que ha servido para crear a un ser muy alejado de la conciencia humana. En cambio, su pupilo ya ha nacido así, alejado de cualquier trauma infantil o entorno mafioso (aunque su padre, al igual que el de Bishop, fue un criminal, reconoce que le mantuvieron apartado de todo aquello) decide unirse a Bronson, principalmente, no por dinero o poder, sino para pulir esas habilidades naturales que lleva en su interior.

Hay que destacar la actuación de Jan-Michael Vincent, el aprendiz, lleno de expresividad y jovialidad como contrapunto al serio y hermético Bishop. Un joven tan apuesto como letal, que transmite simpatía, al que no dudarías en abrir la puerta de tu casa. Hiela la sangre ver como bromea y sonríe mientras realiza los actos más repulsivos. Desafortunadamente, este actor es desconocido en nuestro país, ya que la mayor parte de su trayectoria se desarrolló en fugaces apariciones en televisión. Incluso llegó a participar en algún episodio de Bonanza.

 

El resultado final es menos espectacular pero mucho más creíble y coherente que otros símiles como Leon, el Profesional o Collateral. Para finalizar me gustaría dejar esta última imagen en la mente: Bishop preparando los asesinatos, mientras cuelga las fotografías y repasa los documentos de su futura víctima, analizando todos los detalles como si de una partida de ajedrez se tratase, mientras la música de su casete nos envuelve.

Creado por Gabriel del Valle

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