Febrero 2021

TRIBUTO A WILL EISNER

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Will Eisner (1917-2005) fue uno de los grandes de la historia del cómic. De hecho, uno de los reconocimientos más prestigiosos en esta área lleva su apellido, el premio Eisner. Se desarrolló en este campo, hasta puntos de calidad solo comparables a genios de otras áreas, pintores van Gogh o directores como Kubrick. Durante los cursos que impartía en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York, se dio cuenta que la historieta tenía una complejidad mayor de la que él mismo había sido consciente, que poseía un lenguaje de comunicación único. Aquello le impulsó a realizar el primer ensayo conocido sobre el tebeo: El arte secuencial. En este libro se exploran las diferentes propiedades como perspectiva, gramática, pincelada, argumento. Conceptos que serían de nuevo revisados por Scott McCloud en El arte invisible, donde se pone de manifiesto que el cómic no ha sido reconocido en décadas, debido a críticos ignorantes, que han transmitido una percepción equivocada al público.

Eisner es conocido sobre todo por su personaje The Spirit, creado en 1940, pero sus mejores títulos los realizó cuando ya andaba por los 60 años. Historias sobre el origen de los Estados Unidos, concretamente de Nueva York, muy centrado en el Bronx. Relatos que explicaban la historia de las relaciones entre judíos e italianos, los conflictos raciales o el espíritu de comunidad en los barrios, entre otros temas.

En algunos casos sigue la evolución de las calles y edificios a través de generaciones, con la misma maestría que Gabriel García Márquez trasladaba la historia de una familia en Cien años de soledad.

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De todas sus novelas gráficas, Contrato con Dios (de 1978) fue la que tuvo un impacto más brutal, desgarradora tanto por su contenido como por el talento que demostró su autor, al agitar el alma del lector como solo él era capaz. Ya en la presentación de la historia, con el título en un bloque de piedra, con una rotulación que recuerda la tipografía hebraica, ayuda a crear y reforzar una sensación que perdura en la mente de lector.

Éste es solo uno de los innumerables ejemplos que se podría mencionar, para dar fe del talento que invadían sus páginas, ligadas a un amor y capacidad de trabajo sin límites. Pero también realizó otras maravillas que deben ser mencionadas: El soñador, Viaje al corazón de la tormenta, Pequeños Milagros o Las reglas del juego.

Maestro del lenguaje corporal

Guionista y dibujante de sus obras, esto le daba un dominio completo de sus ideas. Donde más destacaba era en su facilidad de transmitir emociones, donde demostraba ser un maestro. En El arte secuencial hacía énfasis en que el dibujante debía trabajar con lo que él llamaba “un diccionario de gestos humano”. El lenguaje corporal era una de las claves de su estilo, pulía los gestos incansablemente, hasta quedar completamente satisfecho.

Fue un gran admirador del trabajo realizado en cómics en Europa, reconociendo que en términos artísticos estaban más adelantados Francia y España que Estados Unidos. Llegó a afirmar que muchos dibujantes de los citados países encajaban con los grandes maestros de la ilustración. En Shop Talk, libro que recopila entrevistas realizadas por él, a compañeros del gremio, se lamenta de los medios de comunicación “cortos de miras” y supuestos gurús culturales, que se dedicaban a empañar la imagen del mundo del cómic. 

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